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Todos muy felices en la oscuridad invernal

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(Visita también: Reflexiones desde las cloacas)


Me lavo los ojos, despierto a las persianas, abro los grifos del agua potable – uno de los ultimos privilegios que nos van quedando - escupo su contenido porque su propiedad de ser incolora, insipida e inolora, molesta mi conciencia, pues es también bebible y muy salubre. Plastifico mis dientes para no tener que lavarmelos cada día, reacomodo cada vértebra en mi espinazo después de una noche algo incómoda, y ya en condiciones apropiadas, salgo a reparar el mundo que me rodea y me asfixia.

Me calzo un par de lentes y observo con cierta curiosidad que, apesar de los grandiosos acontecimientos de Diciembre en Suecia, tales como la muy disciplinada marcha nazi en Salem con sus antorchas ardiendo odio, las Navidades comerciales, el Año Nuevo de champagnes barátos y la entrega de los Premios Nobel en sus distintas categorías, nadie puede ignorar las malas noticias que hacen tambalear estas fiestas luminosas de invierno: la crisis financiera.

Y mientras los medios de comunicaciones se preocupan de la situación en Grecia, en donde un movimiento desde las bases ha explotado como consecuencia del asesinato a mansalva de un jóven de 15 años, por los certeros dispáros de un policia helenico, el banquete servido a los invitados a la celebración del premio Nobel, provoca irritación con su glamorosa cena de lujo.

Para algunos periodistas de la prensa oficialista esta es ”una fiesta que entibia el alma en tiempos de crísis”. Un festejo algo fuera de lugar, por decir lo menos, que más parece ser un evento medieval en las luminosas salas del castillo de la realeza, ante los ojos del pueblo hambriento que se reunia afuera de sus rejas, con la esperanza de recibir algunas migájas caídas de las fastuosas mesas de los pudientes, que un homenaje al desarrollo del pensamiento humáno.

Pero si. Es cierto que nadie se muere de hambre en el reino de Svea, hoy día. Más me pregunto cuánto se le entibia el alma a un trabajador de la Volvo que lo han puesto en la calle, a un sin casa de Estocolmo, o a todos aquellos que pronto quedaran cesántes como producto de la crisis financiera capitalista mundial, cuando ven la arrogancia conque la monarquía agasaja a sus invitados de honor con un banquete colosal.

El 10 de diciembre es el día del Premio Nobel en Suecia. Pero también es el día de cumpleaños de mi hija Tania en Chile. Y les puedo asegurar que su cena de celebración solitaria no será de lujos, sino de esperanzas en mundo mejor, de respeto a su condición de mujer y de ser humáno pensante y racional.

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