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Diario de vida de una virgen sin castidad

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Semi-tirado en un sillón defecto y lampiño por el paso de los años, con una barba de unos cuantos días sobre su rostro gris y ajado, hizo sonar los dedos como se hace cuando alguien llama a un perro, y una mujer hizo entrada en su vida. Ataviada con ropas añejas para simular ser más vieja de lo que era, esperó las ordenes de su marido.
El parásito de calzoncillos almidonádos metió sus dedos vírgenes de trabájo, en un bolsillo de sus pantalónes de usufructos vitalicios y sacó unos cuantos billetes arrugados. Los tiró sobre la mesa descompuesta por falta de cuidado, y el triángulo de las zarzuelas bajo su presencia visual, vibró de frustración ante tal acto de arrogancia barato y sin razón.
La mujer cogió el dinero asi como una amante desesperáda coge un pene pasajero, y rezongando palabras de protestas ilegibles para los lectores de esta prosa, se puso el cinturón de castidad y se dirigió con pasos en cámara lenta de molestas botas de goma, a comprar cervezas a su amo.

Nací a mediados del milenio pasado por milagros de la naturaleza, le contaria años más tarde al asistente social ocupado de su vida. Mis padres se separaron cuando tenia soledad y angustia y mi inestabilidad emocional nunca logró transformarse en esperanzas.
Y lo unico que mi padre me enseñó fue obediencia eterna a los hombres, porque son ellos los que dan vida a las mujeres con sus jugos pegajósos, según él. Y que Classius Clay se transformó en Mohammed Ali porque fue un idiota, y fue a dar con su titulo de campeón mundial de peso pesado de box, a las cloacas yanquis, cuando afirmó que sus enemigos no eran los vietnamitas amarillos sino los norteamericanos blancos de su propio país. Y porqué tuvo que haber dicho eso? me preguntó mi padre como si yo supiese la respuesta a esa pregunta incongruente. Porque a esa edad yo no tenia idea quien era Cassius Clay, y menos aún eso del boxéo de los hombres. Hoy día las mujeres tambien boxean, ya lo sé! Pero lo poco que sabia y que todavia no estoy segura si sé, es que mi cuerpo no me pertenecia y que las ideas que creaba mi cerebro, no eran más que puras brisas que cruzan también.

Y mientras Los Beatles reafirmaban su presencia como el mejor grupo de rock de todos los tiempos, y el movimiento hippie llegaba deformado a nuestra realidad, mi padre remojaba un extraño agujero entre mis piernas que yo solo sabia, servia nada más que para orinar. Y la guerra de Vietnam alimentaba nuestras conciencias de televidentes pasivas, mientras mi madre hacia comida tras comida y yo corria entre los bultos de mi cama y la de mi padre para que el orinara dentro de mi. Eso nunca lo entendi, pues su bacinica siempre estaba vacia!

Pero con el correr de los años logré entender eso de la transformación del mono a hombre. Porque según la concepción oficial, los primates nunca se transformaron en mujer.
Y según Engels, el rol de la mano fue fundamental en esa metamorfosis y, dentro de la mano misma, el dedo gordo fue lo que aceleró la evolución del cerebro autónomo del homosapiens. Porque según la teoria de Engels, es el unico dedo que se contrapone a los otro cuatro y por ende, indispensable para asir instrumentos que le facilitarian una mejor digestión de alimentos, lo cual conllevaria a su vez a un desarróllo más armónico y completo de su intelécto.
Lo que no explica esta teoria, sin embargo, es porqué las mujeres siempre han tenido el pelo más largo que el de los hombres. Y si me atengo a lo de las manos de Engels, puedo aseverar sin temor a equivocarme que es asi, para que los hombres nos puedan arrastrar por el suelo con ayuda del dedo gordo que es el unico que se contrapone al resto de la naturaleza.

Y asi como la temporalidad es atemporal, el homosaurio se fue al limbo a torturar fantásmas sin perdón cristiano y la humanidad exaló un suspiro contenido de esperanzas renovadas.
Y me acordé del triángulo de las zarzuelas que siempre pestañaba cuando mi padre metía su mano gris en el hoyo misterioso de su bolsillo y sacaba de el, arrugados billetes que serian transformados por mi madre, en comida deliciosa y pobre.
Triángulo que como boquita de caramelo y cutis de seda, también vibraba de frustración, cada vez que mi padre orinaba dentro de mi.

A veces me pregunto si la reacción de esa figura geométrica no era asi sino por las circunstancias de esos momentos, o si no era simplemente el producto de sus celos existenciales al sentir los crujidos del sillón defecto y lampiño por el paso de los años, bajo sus espaldas sin tiempo ni edad.

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